Metrópolis es un filme
alemán realizado por la productora
UFA. Se trata de una
película de
ciencia ficción dirigida por
Fritz Lang , cuya trama se desarrolla en una
distopía urbana
futurista. Este filme fue lanzado originalmente en el año de
1927, antes de la cinematografía sonorizada. Se lo considera uno de los máximos exponentes del
expresionismo alemán en las artes cinematográficas.
El
guión fue escrito por
Fritz Lang y su esposa
Thea von Harbou, inspirándose en una
novela de
1926 de la misma von Harbou.
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Argumento
En una
megalópolis del
siglo XXI los
obreros viven en un
gueto subterráneo donde se encuentra el corazón
industrial con la prohibición de salir al mundo exterior. Incitados por un
robot se rebelan contra la clase intelectual que tiene el poder, amenazando con destruir la
ciudad que se encuentra en la superficie, pero Freder (Gustav Frölich), hijo del
dirigente
de Metrópolis, con la ayuda de la hermosa María (Brigitte Helm) de
origen humilde, intentarán evitar la destrucción apelando a los
sentimientos y al amor.
El filme se desarrolla en el año
2026, en una ciudad-estado de enormes proporciones llamada
Metrópolis. La
sociedad se ha dividido en dos grupos antagónicos y complementarios: una
élite de propietarios y
pensadores, que viven en la superficie, viendo el mundo desde los grandes
rascacielos y paisajes urbanos, y una casta de
trabajadores, que viven bajo la
ciudad y que trabajan sin cesar para mantener el modo de vida de los de la superficie. El
presidente-director de la ciudad es Johhan 'Joh' Fredersen (interpretado por el actor Alfred Abel).
Una figura carismática y pacificadora llamada María defiende la causa
de los trabajadores. Pero en lugar de incitar a una revuelta, insta a
los trabajadores a buscar una salida pacífica y tener paciencia,
esperando la llegada del "Mediador", que unirá ambas mitades de la
sociedad.
El hijo de Fredersen, Freder (Gustav Fröhlich) conoce a María y queda
prendado de ella. Al seguirla sin que ésta se dé cuenta, penetra en el
mundo subterráneo de los trabajadores y mira con sus propios ojos las
pésimas condiciones en que éstos viven y trabajan, así como el desdén
absoluto de los propietarios, que prefieren traer más trabajadores para
que las
máquinas
no se detengan, que auxiliar a los que sufren accidentes en ellas.
Asqueado por lo que ve, Freder decide unirse a la causa de María.

Sin embargo Fredersen se ha dado cuenta ya de las actividades de
María, y temiendo una revuelta de los obreros, decide solicitar la ayuda
del
científico Rotwang (en el papel de
Rudolf Klein-Rogge), quien a su vez le muestra un
robot antropomorfo
de su invención. El robot creado por Rotwang puede tomar tanto la
conducta como la apariencia de una persona, así que deciden suplantar a
María. El robot tiene como órdenes promover los disturbios y el
descontento, para así permitir a Fredersen lanzar una represión violenta
contra los trabajadores. Lo que desconoce Fredersen es que el robot
contiene el espíritu de Hel - la ex mujer de
Rotwang,
que tuvo un amorío con el dueño de la ciudad, y falleció al dar a luz a
su hijo Freder -, y que Rotwang utilizará al ser máquina como
instrumento de venganza contra el presidente de Metrópolis, su hijo, y
toda la ciudad.
La verdadera María es hecha prisionera en la mansión de Rotwang, en
Metrópolis, mientras el robot la suplanta y lanza discursos
incendiarios. Además, el robot comienza a seguir las iniciativas de
Rotwang en su plan de venganza, y se transforma en bailarina exótica en
el prestigioso cabaret Yoshiwara, excitando y nublando la razón de los
asistentes, promoviendo la discordia y la decadencia entre los jóvenes
adinerados. Siguiendo los malos consejos del Robot-María, los
trabajadores inician una revuelta y destruyen la "Máquina Corazón", que
proporciona la
energía
que hace funcionar toda la demás maquinaria de Metrópolis. La
destrucción de dicha máquina también provoca que los tanques de agua de
la ciudad se aneguen, e inunden el submundo de los trabajadores, quienes
cegados por el discurso del robot, han descuidado la seguridad de sus
hijos, quienes terminan siendo rescatados por Freder y la verdadera
María. Al darse cuenta de su grave error, los trabajadores desesperados
salen a la superficie en busca de su "enemiga en la ciudadela", la
presunta María. La muchedumbre invade el distrito de diversiones de la
ciudad y captura a la falsa María, a la cual atan a una estaca y prenden
fuego, mientras Freder observa todo y desespera. Pero pronto se dan
cuenta que esa María es una impostora, al arder sus carnes falsas y
quedar al descubierto el robot, y al ver a María ser perseguida por el
enloquecido Rowang en los tejados de la
catedral
de la ciudad. Freder persigue a Rotwang, y lo enfrenta hasta que éste
último se precipita del tejado hacia su muerte. María y Freder retornan a
la calle y van al encuentro de Joh y Grot (líderes de la ciudad y de
los trabajadores) y dejan entrever el comienzo de una nueva sociedad.
Bajo el lema "Mittler zwischen Hirn und Hand muss das Herz sein"
(mediador entre el cerebro y la mano ha de ser el corazón), que debe
interpretarse como la necesidad de que la capacidad de amar del Ser
Humano reúna a la razón y la fuerza, se reconcilian el magnate Joh
Fredersen y los trabajadores de Metrópolis gracias a Freder, que
encarnarían los tres términos de esa ecuación: razón, trabajo y corazón.
Contenido e interpretación

A Fritz Lang le gustaba recordar que la historia de
Metrópolis nació en su viaje a
América, en octubre de
1924, viendo desde su barco en la noche ante el puerto
neoyorkino los
rascacielos de la ciudad y las calles iluminadas. Al regresar, Thea von Harbou se pondría a trabajar en el
guión.
Esta inspiración se puede relacionar con el rodaje en la
materialización de las ideas visuales más que con el guión, ya que la
historia estaba probablemente muy perfilada en julio de 1924. Von Harbou
escribió asimismo una novela que se basó en la trama de la película.
En la representación del orden social,
Metrópolis se apoya por un lado en el
marxismo: hay dos
clases sociales
claramente diferenciadas y separadas, en las que una explota a la otra
sin que haya posibilidades de medrar. La “alienación del trabajo“ podría
relacionarse con que haya algunas
máquinas
sin una utilidad reconocible. Por otro lado también se critica el ideal
de revolución socialista. El personaje del robot María, representado
claramente como malvada, lanza a los trabajadores a la lucha, y como
resultado destrozan su medio y sustento, empeorando su situación en
lugar de mejorarla. La colaboración entre clases sociales, en lugar de
la
lucha de clases, recuerda sin embargo al
nacionalsocialismo
y su ideología, pues era la estructura económica corporativista que
defendía el programa del Partido Nacional-Socialista de los Trabajadores
de Alemania (
NSDAP); ideología con el cual Thea Von Harbou simpatizaba, contrariamente a
Fritz Lang.
La parábola de la
Torre de Babel está cambiada: en la variante que se muestra los
arquitectos y los trabajadores hablaban una misma lengua pero no se entendían; tampoco hay un Dios. Del
cristianismo se toma la figura de María, que personifica el bien, así como el anuncio de la venida de un redentor.

Lang dio a entender más tarde que la idea del corazón como mediador
entre la mano (la fuerza del trabajo) y el cerebro (la capacidad
directora de la sociedad) era falsa y que por ello ya no le gustaba esta
película. Tras esta opinión se escondía la situación social que se
vivía y no un conflicto de orden moral. Aunque la tesis central del
cerebro, la mano y el corazón pertenece a Thea von Harbou, él era
responsable de la misma, al menos en parte, como director de la película
que era. Lang, en realidad, estaba mucho más interesado en los aspectos
técnicos y arquitectónicos del film que en el trasfondo político de la
trama.
El discreto éxito de la película entre el público de aquellos años
también puede explicarse por ello, ya que la imagen social desarrollada
en la historia se opone a las apenas cuestionadas creencias en el
progreso que se tenían entonces. El género de ciencia-ficción del cine mudo presenta la
utopía,
por lo general, en positivo, mientras que Lang recurre a la
esclavización de los tiempos bíblicos para representar el futuro. Las
monumentales máquinas de la ciudad subterránea proporcionan a las clases
bajas una vida indigna, la masa humana es fácilmente manipulable y se
practican ritos medievales como la
quema de brujas.
Arquitectura en la película
Metrópolis es una ciudad de rascacielos cuya arquitectura
art decó
recuerda a la de las ciudades más modernas de entonces, principalmente
Nueva York, aunque la arquitectura de rascacielos surge en la escuela de
Chicago.
Ciudad de los trabajadores.

Entre los edificios se enmarañan las avenidas y las líneas del tren.
Los edificios de la ciudad de superficie son de una estructura
majestuosa, mientras que la ciudad de los trabajadores, subterránea,
resulta más sencilla, lacónica y sombría.
Entre estos dos espacios básicos existen lugares con una arquitectura
propia y característica. En la ciudad superficial está la catedral, de
líneas góticas, y la casa de Rottwang, un edificio antiguo, también de
aires medievales, que se asemeja más al taller de un alquimista que al
laboratorio de un científico; Lang y von Harbou acordaron reconducir la
idea original de proporcionarle a Rottwang capacidades mágicas. Además
en la ciudad de la superficie hay un jardín que simboliza lo idílico de
la vida para los directores de la ciudad y un barrio del pecado
retratado con arquitecturas orientales, tradicionalmente asociadas a lo
exótico, lo sensual y, desde ahí, a lo pecaminoso. En la ciudad
subterránea se distingue además una zona de lo clandestino asociada con
los espacios cavernosos donde la alegoría de la salvación de los
trabajadores se representa mediante la imagen de los cristianos
escondidos en las catacumbas durante los tiempos de su persecución.
Curiosidades
- Para el rodaje de la película fueron requeridos 15.000 extras calvos.
- En junio de 2008 fue hallada en el Museo del Cine de Buenos Aires
una copia en 16 milímetros casi completa del filme, que se creía
"extraviada" desde poco después de su estreno, en Berlín, en 1927. La
restauración de esta copia costó medio millón de euros y añade algunas
escenas que se creían irrecuperables del original de 1927 y dan otra
dimensión a la obra.
- La versión restaurada de 1984 del italiano Giorgio Moroder
presentó modificaciones e inclusive escenas coloreadas, además de una
banda de sonido pop-rock adaptada al film, y en donde participaron
cantantes como Jon Anderson, Bonnie Tyler, Pat Benatar y Freddie Mercury.
Esto generó una gran controversia que subsiste hasta el día de hoy,
existiendo detractores y seguidores de esta edición del film.
- Queen se inspiró en esta película para realizar el videoclip de la canción "Radio Ga Ga", y utilizó algunos fragmentos de ella.
- Francisco Salamone basó muchas de sus obras a partir de este film.
- El videoclip de la canción We're in This Together de Nine Inch Nails fue inspirado en este film.
- En el videoclip "Sugar" de la banda System Of A Down se muestra una parte de la escena donde los trabajadores marchan hacia el trabajo.
- El videoclip de Madonna, Express yourself está inspirado en el film, recreando una historia de amor entre un obrero y una mujer de las clases altas
- El videoclip de Mecano, El 7 de Septiembre está ambientando en el film, en el que aparece una pareja de obreros apasionada.
- La banda de heavy metal argentina Logos usa un fotograma de la película para la tapa de su disco La Industria del Poder.
Un Icono del Cine:
Fascinante propuesta de
Lang que nos traslada cien años al futuro desde su estreno. Lo que más
me impresiona del film son los enormes decorados y maquetas que
pretenden ubicar al espectador en la urbe futurista. Colosal. El mimo
con el que monta los planos, los maravillosos encuadres y los efectos
especiales que nos regala el cineasta alemán, hacen de Metropolis una
película vanguardista como pocas.
Considerada izquierdista por algunos, lo cierto es que Fritz Lang
refleja con brillantez la política patronal de la Alemania de
entreguerras, instaurando la paz al final de la obra entre patronal y
sindicatos. Las interpretaciones, si exceptuamos al hijo del empresario,
brillan a gran altura. Rudolf Klein-Rogge (Dr. Mabuse) está de nuevo
excelente. El montaje allana el camino para futuras obras no sólo de
Lang y la banda sonora es excelente. La fotografía, cómo ya se ha
comentado, juega con los claroscuros como si fuera el Goya del siglo
anterior. Si hubiese sido un film americano se hubiera llevado con
limpieza todos los Oscars en los que compitiese. Completísima e
irrepetible.