cineLiberarte: Diaz: No limpiéis esta sangre ( 2012 ) Dir.Daniele Vicari

















¿Qué puede tener en la cabeza un policía para pegar porrazos a un ciudadano indefenso tirado en el suelo? Sólo se me ocurre una respuesta: un casco. Si eres de los que todavía no comprenden que un funcionario tenga entre sus atribuciones repartir estopa para contener manifestaciones, de los que se escandalizan cuando oyen hablar de “despliegues contra el enemigo” a comisarios, y te estremeces cuando ves en YouTube o en los telediarios el último vídeo con otra nueva muestra de matonismo uniformado, acércate a Diaz: No limpiéis esta sangre con sumo cuidado. Ganadora del Premio del Público en la pasada Seminci, la dureza de la violencia de Estado que retrata (el asalto de la policía a una escuela donde dormían manifestantes contra la cumbre del G8 en Génova de 2001) no es definitivamente para todos los estómagos. Se puede discutir el enfoque –Vicari opta por una recreación a lo Omagh, pero con peor pulso cinematográfico–, lo desnortadas de algunas interpretaciones producto de la confusión internacionalista y políglota, incluso la pobrísima contextualización histórica más allá del momento que documenta –¿por qué la ciudadanía no apoya a estos defensores de la libertad?, se preguntará quien no recuerde aquel julio italiano–, pero cualquiera de sus variados defectos quedan silenciados por su valor como documento. Provoca el efecto que busca: informar e indignar a los que todavía ignorasen estos hechos. Una realidad que hay que confrontar con urgencia. La policía que se esconde tras máscaras y parapetos está para defender intereses que poco tienen que ver con los de los ciudadanos. 

cibeLiberarte: 360 Juego de destinos (2011) Fernando Meirelles

Adaptación de 'La Ronda' (1900), drama del escritor austriaco Arthur Schnitzler, que generó una gran controversia por su alto contenido sexual. En ella, un miembro de una pareja aparece luego con otro amante, quien a su vez se relaciona con otra persona y así sucesivamente hasta cerrarse el círculo. Hopkins encarnará a un hombre que, durante un viaje que realiza para buscar a su hija desaparecida, conoce a una mujer cuyo novio le ha sido infiel.
trailer:


pelicula:


cineLiberarte: El ladrón de palabras// the words ((2012)) Brian Klugman, Lee Sternthal

Un escritor de éxito lee su nueva novela ante una multitud de entregados admiradores. En ella se narra la historia de un escritor fracasado que tiene la fortuna de encontrar un manuscrito. Lo publica como suyo y obtiene un éxito espectacular que lo convierte en uno de los mejores escritores de su tiempo. El autor del manuscrito resulta ser un anciano que lo escribió durante su juventud, cuando estuvo destinado en París tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), época en la que encontró al amor de su vida. 






cineLiberarte: el odio//La haine (1995) Mathieu Kassovitz


Tras una noche de disturbios en un barrio marginal de las afueras 

de París, tres amigos adolescentes, Vinz, Saïd y Hubert
(un judío, un árabe inmigrante y un boxeador amateur negro, respectivamente),
 son testigos de un hecho, en el que su amigo Abdel resulta herido por la policía.
El deambular por la ciudad, la violencia entre bandas y los conflictos con la policía son las constantes en las 24 horas siguientes de la vida de estos jóvenes.

REPARTO Vincent Cassel, Hubert Koundé, Saïd Taghmaoui, Abdel Ahmed Ghili, Solo, Joseph Momo, Héloïse Rauth, Rywka Wajsbrot, Olga Abrego, Laurent Labasse, Choukri Gabteni, Nabil Ben Mhamed, Benoît Magimel, Mathieu Kassovitz, Anthony Souter





Obtuvo excelentes críticas y un gran éxito de público en Francia, coronado con 3 premios César de la academia francesa -incluyendo el de mejor película del año- que la confirmaron como una cinta clave del cine francés de los noventa.
Premios
1995: Festival de Cannes: Mejor Dirección
1995: Premios del Cine Europeo: premio de la juventud
1995: Premios Cesar: Mejor película y montaje. 10 nominaciones

cineLiberarte: I'm Not There (2007) Dir.Todd Haynes

Retrato del legendario músico Bob Dylan. Seis intérpretes encarnan diferentes momentos de la vida personal y profesional del cantante norteamericano que revolucionó la música popular en los años 60 y 70. Desde entonces, su influencia sobre músicos, escritores, poetas y sobre la cultura en general ha sido permanente. El filme consta de varias historias cuyos protagonistas son de lo más heterogéneo: Woody (Marcus Carl Franklin) es un niño negro de once años que siempre está huyendo. Robbie (Heath Ledger), un artista mujeriego que vive en la carretera. Jude (Cate Blanchett), un joven andrógino, es estrella del rock. John (Christian Bale), un ídolo folk que se convierte en evangelista. Y Billy (Richard Gere) es un famoso fugitivo. 






No habrá en el mundo ni un centenar de personas que no conozcan a Bob Dylan. Vale. Y al mismo tiempo, seguro que no llega a la docena los que lo conocen. Un tipo diverso, huidizo, cambiante, difícil de atrapar con otra cosa que no sea el oído o el sentimiento. En esta película, «I´m not there», Todd Haynes (al que tal vez recuerden de aquella espléndida y genuina imitación del melodrama a lo Sirk titulada «Lejos del cielo») intenta la difícil empresa de enjaular a Dylan en una imagen, una definición o una biografía sin ni siquiera mencionarlo, sin que aparezca nada más que un refilón de su cara y de un par de canciones cantadas por él. El resultado es una película o un lienzo tan extraño como genial, tan abstracto como concreto, tan disperso como elocuente, tan entretenido como a veces incomprensible o soporífero. Dice el título: «Yo no estoy ahí», pero el título miente, ya lo creo que miente.
Para hacerse una idea de hasta qué punto hay que abrirle la puerta de la imaginación al experimento de Haynes, diremos que uno de los que interpreta a Bob Dylan, a algún aspecto de su vida o de su arte, es la actriz Cate Blanchett, y otro, un niño negro que dice llamarse Woody Guthrie y vagabundea por los trenes como Huckleberry Fynn. Media docena de personajes y de peripecias vitales se cruzan sin semáforos en el intento de que todo ello exhale el alma de Dylan.
Christian Bale interpreta a Jack Rollins, cantautor, prototipo de la conciencia americana, reconvertido en los ochenta en pastor y cantor de salmos. Preciosa historia la que se nos cuenta de una estrella del cine, que interpreta Heath Ledger, y de su caída en picado en el dinero, en el éxito, en la infelicidad y en la ruptura con su familia. La psicodelia. El blues. Nixon. Vietnam. El poder negro. Cristo. La poesía (uno de los personajes se llama Rimbaud y lo interpreta con cara de loco Ben Whishaw). Y finalmente el país, los tiempos que están cambiando, el olor a la nostalgia del western en un tramo que interpreta Richard Gere unido genética y geográficamente a ese Huck Fynn...
Tod Haynes hace, pues, más que una película: compone un lienzo, con el que se podrá o no estar de acuerdo, pero que es sin duda un retrato de un tipo que ni aparece por allí, que es el todo pero ninguna de las partes. Podría haberlo hecho de otro modo, con otros materiales más reconocibles o próximos, con otra música y otra letra, pero dudo de que lo que hubiera conseguido se asemejara más a Bob Dylan, o que adquiriera la misma intensidad que consigue así. Un Dylan abstracto pero hecho a brochazos de realismo.
Además de Todd Haynes, se presentaba a la competición como director Lee Kang-sheng, hasta ahora actor fetiche de Tsai Ming-liang (aunque suene a broma, es uno de los directores de prestigio del cine chino o taiwanés), con una película titulada «Help me Eros», y que era un calco de las que suele hacer el propio Ming-liang: la protagoniza igualmente Lee Kang y ocurre lo de siempre, fuma que te fuma, algunas veces en calzoncillos y otras sin él, mientras sufre unos brutales ataques de depresión por algo que generalmente ni sabes ni te importa. Todo ello, encuadrado con enorme voluntad estética y en planos que duran más que los pitillos que devora. Hay alguna escena como de sexo en la que lo único verdadero que ocurre es el cigarro que se fuman después. Pues así llevamos ya varias trilogías de Tsai Ming-liang, al que se le une ahora como creador Lee Kang-sheng. Estamos de suerte.
Y la guinda era una película italiana, «Il dolce e l´amaro», de Andrea Porporati, en la que se cuenta en plan sobremesa una historia de mafiosos con la particularidad de que es la misma historia de siempre contada desde el habitual punto de vista, de la fascinación al repudio, o sea, como Scorsese en «Uno de los nuestros». No queda más espacio, pero si quedara, tampoco tendríamos mucho más que decir de ella (dicho sea con «el respeto» debido, que esto está lleno de canales).





Premios
2007: Oscar: Nominada a Mejor actriz de reparto (Cate Blanchett)
2007: Globo de Oro: Mejor actriz de reparto (Cate Blanchett)
2007: Premios BAFTA: Nominada a Mejor actriz secundaria (Cate Blanchett)
2007: Festival de Venecia: Premio Especial del Jurado y Mejor actriz (Blanchett)
2007: Festival de Toronto: Mejor actriz (Cate Blanchett)
2007: Asociación de Críticos de Los Angeles: Finalista a Mejor actriz sec. (Blanchett)
2007: Nominada a Critics' Choice Awards: Mejor actriz secundaria (Blanchett)

cineLiberarte: Inch’Allah (2012) Dir.Anaïs Barbeau-Lavalette

En un campo de refugiados palestino en Cisjordania, Chloé, una joven canadiense, acompaña a mujeres embarazas. Su encuentro con personas de ambos lados de los muros y puntos de control, será un punto de partida que cambiara todo lo que creía.







Título original
Inch'Allah
Año
2012
Duración
101 min.
País
 Canadá
Director
Anaïs Barbeau-Lavalette
Guión
Anaïs Barbeau-Lavalette
Música
Lévon Minassian
Fotografía
Philippe Lavalette
Reparto
Evelyne BrochuSabrina OuazaniSivan LevyYousef 'Joe' SweidHammoudeh AlkarmiZorah BenaliCarlo BrandtMarie-Thérèse FortinAhmad MassadYoav Donat
Productora
Coproducción Canadá-Francia; micro_scope / ID Unlimited / July August Productions
Género
Drama | Conflicto árabe-israelí

R.I.P: JESS FRANCO El cineasta, autor de 200 filmes, fallece en Málaga a los 82 años


Jesús Franco no es humano. No puede serlo. O, mejor, no lo es en el sentido en el que estamos ya puestos, insultos (que también los hay). Jess Franc, Daniel White, Bruno Nicolai... Todos ellos es ese señor de ojos saltones que fuma. Una vez contó que llamarse Jesús y apellidarse Franco en un tiempo de comunión diaria era, poco menos, que "una broma pesada". Y así, en la primera de sus metamorfosis, desaparecieron dos simples letras, una del nombre y otra del apellido.
acostumbrados. Fíjense bien. De entrada, no sabemos cómo se llama. Los rastros de su nombre se pierden en una catarata de pseudónimos, heterónimos, descripciones más o menos científicas y,
Los más ingenuos pensarán que sólo la coquetería asiste a esta voluntad de esconderse tras un jardín de nombres que se bifurcan. Los más eruditos encontrarán en esta disolución nominal el auténtico destino del hombre moderno. ¿Acaso tiene sentido reivindicar al autor, al creador, en un tiempo en que todas las historias están ya escritas? ¿No somos acaso, y necesariamente, como predijo el francés Camus, extranjeros de un tiempo, una sociedad y unas reglas que ya no nos pertenecen? Los más conocedores de la política cultural verán en la ocurrencia polisémica (llamémosla así) la mejor manera de pedir cuantas subvenciones sean necesarias para trabajar lo menos posible y, claro está, que no se note. Pero no, Jesús Franco , y esto es lo único cierto, no es un hombre.

¿Cuánto ha dicho?

¿Quieren pruebas? Sigamos. Los 'cineadictos' no se ponen de acuerdo sobre el número de las películas que llegó a firmar en su vida. La cinemateca francesa se atrevió recientemente, el pasado verano, a cifrar su filmografía en 200 trabajos.
Pero ¿cómo poner número a una obra que se dobla, se triplica, se fractura y se recompone según una extraña exigencia, llámese, biológica? Muchos de sus trabajos, de hecho, disponen de tantas versiones como países en los que se estrenaron; hay versiones 'vestidas' y 'desnudas', con insertos eróticos o pornográficos, de una misma obra; de un sitio a otro el montaje se recombina hasta transformar un melodrama en una película carcelaria ('Los amantes de la Isla del Diablo' se convierte en 'Barrio de mujeres'); las escenas de una película se cuelan en otra; los argumentos se repiten como los 'standards' de jazz caracolean en los dedos de un saxofonista. ¿No son acaso 'Gritos en la noche' (1961), 'El secreto del doctot Orloff' (1964), 'Jack el destripador' (1976) y 'El hundimiento de la casa Usher' (1983) variaciones abisales del mismo enigma? De otro modo, la historia entera del cine y cada género que la habita ha pasado por él, por Jesús Franco. ¿ Es eso posible en un solo hombre?
Hagamos un poco de historia. Jesús Franco nació en Madrid en 1936. Dato cierto. Iba para músico. Su gusto para los 'montunos' (las réplicas con la trompeta) está más que acreditado ("No es que fuera un virtuoso, pero tenía gracejo", confiesa). Hasta que un día un amigo de su padre le empujó hacia el cine de forma definitiva. "Ten cuidado con tu hijo", le dijo después de verle con volantes en una orquesta tropical, "que va por ahí haciendo el maricón". El padre, severo, le puso las maletas en la puerta y él, desinhibido, emigró a París. Allí vio cine, más cine, todo el cine. Volvió a Madrid, ayudó a Bardem en 'Cómicos' (1954), estudió en la mítica Escuela de Cine, conoció a Orson Welles, trabajó con el mayor genio que ha dado en cine en 'Campanadas a medianoche...' El resto es la imposible historia de ¿un hombre?
Cuando Jesús quiso dedicarse al cine, sus contemporáneos andaban dando vueltas a cómo acabar, y para siempre, con un arte caduco. ¿Alguno no lo estaba ya entonces? Él nació para el cine a la vez que Godard y sus gentes le apretaban las tuercas a eso que, de forma genérica, vino a llamarse academicismo, clasicismo o algo peor. Hasta entonces, el cine, en su ingenuidad, había sido un instrumento para entretener los tiempos de reposo. Como los viejos cuentos de la tribu, el cinematógrafo de los Lumière modelaba el imaginario colectivo con sus lecciones morales, sus relatos míticos, sus mentiras necesarias. Deconstruir, reformular, abrir las tripas a la bestia era la misión de 'la nueva ola'.
Franco no. Su trabajo parte del hecho cierto de que contar nuevas historias es inútil. Todas han sido ya relatadas. Para él, los géneros, esas estructuras ya formadas por las que discurre el cuento cinematográfico, deben ser transparentes. Al fin y al cabo, es el cine de género el que nos convierte en espectadores de cine y no otra cosa. Para Jesús, el cine es el magma en el que nacen todas las emociones. No se trata, como harán sus colegas de generación, de desmontar la máquina hasta destruirla. Al contrario, se trata de enseñarla, de hacerla patente, de que desde el cine se vea el propio cine. ¿Qué es el cine? Responde Jesús Franco : «El cine es una expresión pseudoartística comercial cuyo principal, sino único, objetivo es entretener al personal. El cine no es un panfleto ni un discurso, es , fundamentalmente, un espectáculo. Olvidarse de eso es olvidarse de la necesidad de hacer cine».

Cinefagia

¿Cine de serie B acaso? No sólo. Sí es cierto que, como el cine de serie B, el suyo nace del impulso cinéfago de las salas de exhibición de barrio. Sesiones dobles destinadas a ser consumidas con hambre de nuevas, puras y simples emociones. Se acude al cine no sólo para ver historias sino para presenciar historias de cine; esas historias que sólo en el cine pueden ser vistas. En las películas de Jesús Franco se ve el cine en su radical y originaria pulsión. En consecuencia, él no es autor, todos los autores que en el cine han existido pasan por él. Él es el cine.
Fritz Lang quedó cautivado tras ver 'Necronomicon' (1967). "Se me acercó un viejecito, me saludó y me dio una tarjeta", recuerda. Acababan de proyectar la película en el festival de Berlín. "Cuando llegué al hotel, la leí. Fritz Lang quería hablar conmigo. Estuvimos hablando horas". El director de 'Metrópolis', el director de 'M', el director de 'Perversidad', el director que aceptó rodar con Godard 'El desprecio', el director de directores quiso examinar a Jesús Franco. Probablemente dudaba de que fuera un hombre. Bien cierto.
En 2009, la Academia del cine español le brinda a Jesús Franco su Goya de honor. Justo es. Se trata de una forma educada de entregar al cine entero su particular Goya (con honor o deshonor, qué más da). Imaginen un universo poblado de seres que no conozcan la tentación de la individualidad, que nada sepan de cosas tales como el narcisismo, la fama, el hambre de trascendencia... Cada individuo sería la comunidad entera. Y al revés: todos, en su conjunto, serían de forma necesaria cada uno de los individuos por separado. No son hombres. Son otra cosa. Ahora, imaginen el cine como universo. Y ahora vean el trabajo de Jesús Franco . El cine entero es Jesús Franco . Y al revés. 'Voilà'. No es, con permiso de Lina Romay, un ser humano. Es Jesús Franco.